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EL CIELO EN LOS
DOS HEMISFERIOS. DIFERENCIAS FUNDAMENTALES. |
Ponencia presentada por
D. Fernando Martín Asín y Dª Rosa Chueca
Castedo, catedráticos de la Escuela Universitaria de
Ingeniería Técnica Topográfica de la
Universidad Politécnica de Madrid.
Hemos considerado interesante presentar esta Ponencia,
por lo que aporta a recordar las diferencias esenciales en
la observación del cielo, desde los dos hemisferios.
Los puntos más esenciales de nuestra comunicación,
serán las diferencias que observamos en cuanto a las
estaciones del año, que estudiaremos más profundamente
en el Anexo, las constelaciones, la Luna, los planetas, los
cometas y los restantes astros del cielo.
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En principio vamos a dar, las coordenadas geográficas
en que se encuentran nuestras dos Universidades, la de Madrid
con
Longitud = 0 h.
14 m. 45 s. (W de Greenwich) y latitud = + 40º 24’
y las correspondientes
de Rosario (Argentina):
Longitud = 3 h.
53 m. (W de Greenwich) y latitud = - 34º 36’
Observamos esencialmente
en cuanto a las latitudes, que una es positiva y la otra negativa
y ambos lugares casi en posiciones simétricas respecto
del plano del Ecuador.
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Quizás las diferencias más esenciales
que concurren en ambos hemisferios son las correspondientes
a las estaciones del año que sabemos están cambiadas.
Cuando nosotros nos encontramos, en el verano de nuestro país,
en Argentina se encuentran en invierno y cuando nosotros estamos
en primavera, en el otro hemisferio están en el otoño.
Esto es lo que hemos aprovechado muchas veces para indicar
lo fácil que es cambiar de estación, o sea,
pasar de los calores sofocantes de nuestros veranos, a los
fríos del invierno, sin mas que tomar un avión
y en unas horas, desplazarnos de un país al otro.
En el Anexo de esta comunicación, explicamos
como podemos hacer el cálculo de las duraciones de
cada una de las estaciones, y que sirve para volver a incidir
en que si nuestro invierno, es la estación mas corta
del año, en el otro hemisferio el invierno será
la estación más larga.
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Podríamos seguir por nuestro satélite
la Luna. Por supuesto, siempre al explicar el movimiento del
satélite, hacemos hincapié en las frases tan
sugestivas que empleamos en la Luna como son que “la
luna miente”, es decir que cuando la vemos en nuestras
latitudes en forma de D (inicial de decrecer), está
creciendo y cuando la vemos en forma de C, (inicial de crecer)
está decreciendo. En el otro hemisferio, concretamente
en Argentina, las cosas son al contrario, es decir, como muchas
veces hemos afirmado, en el hemisferio sur la Luna no miente.
La Luna es el satélite de la Tierra. Es "la
eterna compañera del hombre", como tantas veces
hemos dicho y ha servido de inspiración constante a
los poetas. ¡Hay tanto que hablar de la Luna! Pero no
podemos más que citarla.
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Otro tema es la observación de planetas. De
ellos poco vamos a decir, ya que las únicas diferencias
que encontraremos, es que en cualquier caso son astros que
siempre los veremos (como ocurre con la Luna), cercanos a
la Eclíptica. Sabemos que las latitudes eclípticas
de todos ellos son pequeñas, a excepción de
Mercurio, primer planeta de nuestro Sistema Solar y más
aun Plutón, el ultimo planeta. Estos astros, al igual
que las estrellas, los veremos recorrer el cielo pero con
inclinaciones diferentes respecto del plano del horizonte,
según en que hemisferio estemos situados.
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Otro tema es la búsqueda de cometas o de asteroides.
Naturalmente, según la zona del cielo por la que pueda
aparecer uno de estos astros, dicho con mas rigor, según
sea su declinación, así será más
fácil observarlo desde Argentina o desde España.
Este tema, lo hemos aprovechado muchas veces en nuestras explicaciones
de clase, para decir que para nosotros, los observadores de
España, el descubrir por ejemplo cometas, ha de ser
difícil, ya que muchas horas antes de ver nosotros
una zona del cielo, la están viendo desde otros paises,
por ejemplo Japón, debido a la posición que
ocupa este país, en la esfera terrestre, o dicho de
otra forma, dada la longitud geográfica que tienen
sus habitantes.
Aprovechando ese mismo argumento, podríamos
decir que nosotros veremos una cierta zona del cielo, cuatro
horas antes, a que la vean, los habitantes de Argentina. Por
ello, hemos dicho tantas veces que, debido a que el cielo
se mueve en sentido retrógrado, siempre será
más fácil que veamos un astro en España
antes que en Argentina. Nos gustaría explicar con mas
profundidad estos extremos, pero esperamos hacerlo, cuando
se acepte nuestra Ponencia y se incluya como una mas para
desarrollarla en aquella Universidad. Otro tema, en este aspecto,
será la posición que ese astro tenga en el cielo
y que haga que se observe mejor desde latitudes negativas
a positivas.
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Hemos dejado para el final, el hablar de las constelaciones
y de como algunas que para nosotros (en el hemisferio boreal),
son tan difíciles de ver por las declinaciones de sus
estrellas, en cambio, en el otro hemisferio son espectaculares.
No hace muchos días, una compañera de trabajo,
nos hablaba del descubrimiento que había hecho en un
viaje a una latitud próxima a la de Rosario, de la
constelación de El Escorpión. Nos decía
lo asombroso que había sido para ella, descubrir esta
constelación en todo su esplendor, cuando para nosotros
la vemos con tanta dificultad.
Y hablando de constelaciones, es obligado hablar de
la Cruz del Sur. No hace muchos años, explicaba mi
experiencia, en cuanto a esta constelación vivida en
un viaje realizado a Brasil. Las dificultades que tuve para
encontrarla y la enorme emoción que tuve y sentí
cuando me la enseñaron y la pude ver.
Es sugestivo indicar cómo, desde el hemisferio
sur, podemos asombrarnos ante la estrella que sabemos es la
más próxima al Sol y a nosotros y me refiero
a la a del Centauro, o estrella Rigil Kent que se encuentra
a 4,3 años-luz y que ocupa el número 4, entre
todas las estrellas del cielo, ordenadas en cuanto a brillo
o magnitud.
También es obligado hablar de tantas constelaciones
que están en ese otro hemisferio y que tenemos prohibidas
desde nuestras latitudes. Tendremos la oportunidad de hablar
a los habitantes de ese maravilloso país que es Argentina,
de las constelaciones que para nosotros son circumpolares
y son casi prohibidas de observar desde aquellos lugares.
Me estoy refiriendo a la Osa Mayor y la Menor, a Casiopea,
a la grandiosa Draco (El Dragón) y tantas y tantas
otras.
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Otro tema apasionante es el observar la diferencia
que observamos en el cielo, en el movimiento diurno, de estar
en un lugar de latitud positiva a negativa. Siempre he creído
curioso, el ver como los astros se van moviendo, sin pasar
nunca por el cenit, cuando estamos en latitudes boreales y
como, en cambio, los astros al moverse en el cielo, van acercándose
al polo norte, es decir, atraviesan el plano que denominamos
“primer vertical”, pero en la dirección
del norte.
No pretendemos que el lector comprenda estos movimientos,
pero siempre hemos sido conscientes de la gran diferencia
que hay, de estar en un lugar a estar en otro.
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Hemos creído interesante incluir algunas matizaciones,
sacadas de libros argentinos:
Cuando define el Punto Vernal dice: o "Equinoccio
de Otoño". Nosotros decimos o “Equinoccio
de Primavera”.
Nos produce una cierta curiosidad leer que se habla
de hora de verano, desde el 1 de septiembre al 1 de marzo.
También leemos que se observan las estrellas
alfa Cruz y beta Cruz, en máximas digresiones, para
determinar la meridiana,
Como resumen y dado que tenemos tantas cosas bellísimas
en el firmamento, siempre sentimos un gran entusiasmo en contagiar
la afición que tenemos hacia la observación
del cielo. La posición privilegiada que tiene ese país
que es Argentina, siempre la hemos envidiado, al permitir
disfrutar a sus habitantes de todas las constelaciones, que
nos están prohibidas desde España.
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Vamos a aprovechar esta oportunidad, para hablar algo
de las 89 constelaciones en que el cielo está parcelado
y que nos ofrecen como un grandioso empedrado con el que es
fácil situarnos y situar a los planetas; sabemos que
estos astros están cambiando constantemente sus posiciones
sobre el fondo de estrellas, según las épocas
en que pretendamos observarlos.
En nuestros veranos y vuestros inviernos, si levantamos
nuestras miradas, tenemos casi en nuestro cenit (en nuestras
latitudes de España), ese llamado Triángulo
del Verano. Aunque estemos en el otoño todavía
podemos asombrarnos en él. Está constituido
por las tres estrellas: Vega, Deneb y Altair respectivamente
de las constelaciones de la Lyra, El Cisne y El Águila.
Nos configuran ese grandioso triángulo, con el que
siempre animo a buscar la estrella que para mí es la
doble más bella del cielo: Albireo.
En el centro de gravedad del Triángulo del Verano,
tenemos esa estrella que es la beta del Cisne. Quizás
quien me haya oído alguna vez hablar de esta constelación
y en particular de esta estrella recordará una anécdota
que me gusta repetir. Recuerdo mis tiempo de universitario,
en que tuve la fortuna de tener a un gran profesor, gran amigo
de la música que nos hablaba muchas veces de esa obra
de Mussorgsky que se titula "Una noche en el Monte Pelado".
Nos decía que después de los primeros
minutos, en que se adivina en una noche una terrible tempestad
y tormenta, en un pueblecito de las montañas, acaso
de los Alpes y que tiene aterrorizados a sus habitantes, que
viven rayos, relámpagos y truenos y todo lo más
espantoso que podamos imaginar; al amanecer, ya pasada la
tormenta, en esa música tan descriptiva de Mussorgsky,
se adivina un paisaje tranquilo, en que de pronto, se oye
a lo lejos, el tañido de la campana de una pequeña
iglesia y la flauta de un pastor que cuida su rebaño.
Nos decía aquel profesor mío, al que recuerdo
con cariño, que "sólo por oír la
flauta del pastor y el tañido de la campana, ¡Merecía
la pena vivir!”
Yo digo algo parecido cuando hablo de esta estrella
que es Albireo del Cisne. Sólo por desdoblar esta estrella,
¡Merece la pena vivir! Muchas veces, he experimentado
esa impresión en quien ve esta estrella doble por primera
vez. Es un espectáculo delicioso.
Con un simple telescopio de aficionado, podemos desdoblar
esta estrella y lo que era un débil punto de luz de
magnitud 3,1 pasa a desdoblarse dentro del campo del anteojo.
Yo invitaría a quien lea estas líneas, a que
intente hacer esa experiencia.
Las dos estrellas que forman Albireo, que están
situadas a 500 años-luz, se encuentran a 34" de
distancia y tienen ambas magnitudes de 3,1 y 5,4.
Yo suelo añadir que, cuando se desdobla Albireo,
podemos ver como dos gotas de rocío, una teñida
de rojo y otra teñida de azul, o dicho con más
poesía en un rubí y una turquesa.
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La constelación del Cisne, está atravesada
a lo largo de su cuerpo por la Vía Láctea. No
es difícil imaginar la silueta de un Cisne, perfilado
por las estrellas que configuran la constelación.
En ella, es obligado hablar de la M 27 del catálogo
de Messier, conocida como Dumb-bell, que es el nombre de la
más brillante nebulosa planetaria del cielo y también
una de las más extensas. Fue descubierta por Carlos
Messier en 1764. Nos gustaría seguir hablando de esta
constelación, pero preferimos hablar de otras cosas.
Y también querríamos citar, girando nuestras
miradas hacia el cielo del norte, a esa Osa Mayor, y Menor,
para que busquemos a la Polar en el extremo de la lanza; además
para buscar el Dragón, y Andrómeda y en ella,
la M 31 tan asombrosa, y la Corona Boreal y tantas y tantas
otras que no citamos.
Y como estamos hablando de constelaciones, digamos
que a estos grupos de estrellas, antiguamente se les llamaban
“asterismos” y más tarde se les llamó
con ese nombre de “constelaciones” con el que
han llegado a nosotros. Desde siempre, han sido comparadas
a distintas imágenes de animales, de divinidades, de
héroes y de objetos comunes. En muchas, son esos los
nombres con los que las conocemos y que muchos fueron dados
en la antigüedad por los griegos.
Ya en su Almagesto, Tolomeo (100-178 de C.), registraba
48 constelaciones. En los siglos siguientes, fueron añadidas
algunas otras, 12 en el hemisferio boreal y 50 aproximadamente
para el austral, por obra de J.Bayer (1572-1625) y de otros.
Después se han seguido añadiendo y hoy se cuentan
89.
Al norte del Zodíaco, tenemos:
Andrómeda, Aquila
(El Aguila), Bootes (el Boyero), Camelapardalis (La Jirafa),
Canis Minor (El Can Menor), Cassiopeia (Casiopea), Cepheus
(Cefeo), Coma Berenices (La Cabellera de Berenice), Corona
Borealis (La Corona Boreal), Cygnus (El Cisne), Delphinus
(El Delfin), Draco (El Dragón), Equuleus (El Caballito),
Hércules, Lacerta (El Lagarto), Lynix (El Lince), Lyra
(La Lira), Pegasus (Pegaso), Perseus (Perseo), Sagitta (La
Flecha), Triangulum (Triángulo), Ursa Major (La Osa
Mayor), Ursa Minor (La Osa Menor), Vulpecula (La Zorra)
Las del Zodíaco son las 13 que todos conocemos
(luego hablaremos de ellas).
Y al sur del Zodíaco:
Antlia (La Máquina
Neumática), Apus (Ave del Paraíso), Ara (El
Altar), Auriga (El Cochero), Caelum (El Buril), Canes Venatici
(Los Perros de Caza), Canis Major (El Can Mayor), Carina (La
Quilla), Centaurus (El Centauro), Cetus (La Ballena), Chamaeleon
(El Camaleón), Circinus (La Brújula), Columba
(La Paloma), Corona Australis (La Corona Austral), Corvus
(El Cuervo), Cráter (La Copa), Crux (La Cruz del Sur),
Dorado (La Dorada), Eridanus (El Erídano), Fornax (El
Horno), Grus (La Grulla), Horologium (El Reloj), Hydra (La
Serpiente), Hydrus (la Hidra Macho), Indus (El Indio), Leo
Minor (El León Menor), Lepus (La Liebre), Lupus (El
Lobo), Mensa, (La Mesa), Microscopium (El Microscopio), Monoceros
(El Unicornio), Musca, (La Mosca), Norma (La Escuadra), Octans
(El Octante), Orión (Orión), Pavo (El Pavo),
Phoenix (El Ave Fénix), Pictor (El Pintor), Pisces
(Los Peces), Piscis Austrinus (El Pez Austral), Puppis (La
Popa), Pyxis (La Brújula), Reticulum (El Retículo),
Sculptor (El Escultor), Scutum (El Escudo), Serpens Caputi
(La Cabeza de la Serpiente), Serpens Cauda (La Cola de la
Serpiente), Sextans (El Sextante), Telescopium (El Telescopio),
Triangulum Australe (El Triángulo Austral), Tucana
(El Tucán), Vela (La Vela), Volans (El Pez Volador).
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No querríamos dejar estas palabras, sin haber
hablado algo de esa zona del cielo que es el Zodíaco,
por la que el Sol camina en ese movimiento aparente alrededor
de la Tierra que realiza en un año.
Son esas 12 constelaciones, que todos aprendimos desde
pequeños y que resulta que no son 12 sino 13. Esto,
al haberse incluido en esta zona del cielo, a Ophiuchus situado
entre el Escorpión y Sagitario.
Además todas las constelaciones del Zodíaco,
sabemos que están cambiadas, por ese fenómeno
que los que recordáis vuestros estudios de Astronomía,
se denomina “Precesión de los Equinoccios”
o “Retrogradación del punto Aries”, descubierto
por Hiparco, en el siglo II a. C.
Por ese fenómeno, todas las constelaciones zodiacales,
han cambiado de lugar, respecto a las posiciones que ocupaban
hace ahora esos 2.000 años, en que se hicieron corresponder
con los 12 meses del año.
Quizá quienes conocéis algún libro
mío, (ahora habla el profesor Martin Asin), en particular
el Atlas del Cielo y otro más reciente de
título: Todas las constelaciones del Cielo,
recordáis que la proyección cartográfica
que siempre se aconseja para representar el cielo es la estereográfica,
la polar para las zonas próximas a los polos y la meridiana
o transversa, para los husos o gajos en que se divide el resto
de la esfera celeste.
Realmente, aunque hemos citado las 88 constelaciones
del cielo, yo siempre defiendo que son 89, dado que hay una
que es Serpens, que debería contabilizarse como dos.
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Y querriamos terminar diciendo, sobre todo a los que
tengáis fe en las fechas a que nos tienen acostumbrados
los periódicos y las revistas, respecto de los horóscopos,
que no se parecen en nada respecto de las posiciones rigurosas
en que el Sol va entrando y saliendo de cada una de esas constelaciones;
dicho con otras palabras, que todos (o casi todos) tenemos
el signo cambiado.
Todo esto, unido a que la primera de las 13 debiera
ser Piscis y no Aries, ya que en la actualidad cuando el Sol
se encuentra en el Equinoccio de Primavera, la constelación
sobre la que se proyecta es Piscis, aunque hace 2.000 años
era la de Aries y además la existencia de esa 13ª
que es Ophiuchus, situada entre el Escorpión y Sagitario,
todos estos hechos hacen que todavía se nos complique
más el problema.
ANEXO
CÁLCULO
DE LA DURACIÓN DE LAS ESTACIONES
Hemos creído apropiado, poner el cálculo
correspondiente a este año 2.000 ya que sabemos que
estas duraciones van lentamente cambiando y así seguirán
hasta mas o menos, el año 6.500 en que coincidirán
dos a dos las estaciones:
Primavera = Verano
e Invierno = Otoño.
En la actualidad, las estaciones están ordenadas
en cuanto a duración, de menor a mayor en la forma:
Invierno <
Otoño < Primavera < Verano
Esta ordenación corresponde a estar situados
en el hemisferio boreal. En el austral las cosas serían
al revés, ya que sabemos que en ambos están
cambiadas:
Verano < Primavera
< Otoño < Invierno
Así pues, veamos como calcular la duración
de las cuatro estaciones del año, partiendo de un dato
que cada año va cambiando y que es la “longitud
eclíptica del Perigeo”, este año 2000,
dicho valor es 282º 56’ 18”. Por supuesto,
suponemos al lector conocedor de algunos conceptos de Astronomía,
que le van a ser necesarios para seguir nuestras explicaciones.
Empezamos por recordar que junto al Sol Verdadero,
que es el único que existe y es el que nos alumbra,
se utilizan en Astronomía, otros dos soles el Ficticio
y el Medio. El Ficticio es un Sol ideal que se mueve por la
Eclíptica, con velocidad uniforme y que coincide con
el Verdadero, en el Perigeo y el Apogeo y el Sol Medio es
otro Sol, también ideal, que se mueve con velocidad
constante por el plano del Ecuador y coincidiendo con el Ficticio
en los puntos Aries y Libra.
La relación de los tres Soles sabemos que la
hacemos con ayuda de la Ecuación de Tiempo, que podemos
definir como la diferencia de ascensiónes rectas del
Sol Verdadero y del Sol Medio.
Este Sol Medio es el que utilizamos para medir los
tiempos en nuestra vida, ya que con ayuda de la hora media,
la civil, la oficial y la legal, todas relacionadas con ese
periodo de tiempo que llamamos día medio, llegamos
a la hora que marcan nuestros relojes. Llamamos día
medio, al tiempo que tarda el Sol Medio en pasar dos veces
consecutivas por el meridiano de un lugar. Dividiendo ese
periodo en 24 horas, tendremos la duración de la hora
media y dividida en 60 y en 60 partes, tendremos el minuto
y el segundo de Tiempo Medio.
Cuando estudiamos la “Ecuación de Tiempo”,
recordemos que decimos es la resultante de dos funciones que
se denominan “Ecuación de Centro” y “Reducción
al Ecuador”. (Estudiar estos conceptos en el libro Astronomía
de uno de los autores de esta comunicación). La “Ecuación
de Centro” va a ser esencial en el tema que nos ocupa,
ya que nos va a permitir el cálculo de las estaciones.
Para ello nos vamos a ayudar de las figuras que acompañamos
en que se ven los tres Soles que hemos definido y se ve claramente
lo que representa la función Q (“Ecuación
de Centro”), que es la diferencia de la longitud eclíptica
del Sol Verdadero y la del Sol Ficticio.
Volvemos a recordar que el Sol Verdadero se mueve con
velocidad variable a lo largo de año, ya que respeta
las leyes de Kepler y en particular la 2ª ley que relaciona
las áreas barridas por el radio vector Tierra-Sol y
en cambio el Sol Ficticio, hemos dicho que se mueve por ese
mismo plano de la Eclíptica pero con velocidad constante.
Este Sol Ficticio, recorrerá en un Año
Trópico, que sabemos tiene de duración 365,
2422 días medios, un ángulo de 360º. Con
más rigor diríamos que recorre algo menos de
360º pues sabemos que el Punto Aries retrograda 50,2”
cada año. Ese es el fenómeno que se denomina
“Precesión de los Equinoccios” o “Retrogradación
del Punto Aries”.
Con esta ayuda, vamos a calcular la duración
de la Primavera que vamos a hacer totalmente desarrollado
y aplicando el mismo fundamento, calcularíamos las
otras tres estaciones del año.
En la figura que acompañamos, en que hemos representado
el plano de la Eclíptica y el del Ecuador, vemos que
el Perigeo de la órbita de la Tierra, se encuentra
situado entre el “Trópico de Capricornio”
o “Solsticio de Invierno” y el punto Aries, dicho
de otra forma podemos decir que hacia el 2 ó el 3 de
enero, el Sol se encuentra en ese punto que sabemos es el
extremo de la línea de los ápsides y es el momento
en que el Sol está mas cerca de la Tierra (estamos
hablando del movimiento aparente del Sol alrededor de la Tierra,
en lugar del real de la Tierra alrededor del Sol). Todos estos
conceptos son iguales, considerando un movimiento o considerando
el otro.
Ese paso del Sol por el Perigeo el 3 de enero, nos
plantea una paradoja que, sin duda, sirve para pensar en que
cuando más cerca está el Sol de la Tierra, es
cuando, (en nuestro hemisferio), estamos en invierno. Claramente
veríamos que en tierras argentinas, tal paradoja no
se da, pues cuando más cerca se encuentra el Sol de
la Tierra y la Tierra del Sol, es cuando están en verano.
Pues bien, con estos razonamientos que hemos dado,
se comprende perfectamente que si representamos el Sol Verdadero
y el Sol Ficticio, por las letras V y F, es claro que la diferencia
desde el perigeo hasta ambos soles, va a ser lo que hemos
denominado Q (“Ecuación de Centro”) y que
en el libro anteriormente citado de Astronomía, se
deducía que era:
Q = v –
nt = 2.e.sen nt + 5/4.e2.sen 2.nt
v y
nt se denominan anomalía verdadera
y media respectivamente. El valor de nt,
representa el movimiento medio diario del Sol, o sea la velocidad
angular del Sol Ficticio. El valor de e que
aparece en la fórmula, es la excentricidad de la orbita
terrestre que vale e = 0,0168.
Esta expresión que relaciona las anomalías
verdadera y media, es la que vamos a utilizar para el cálculo
que nos ocupa. En efecto, si despejamos de esta expresión
el valor nt, obtendremos
nt = v –
2.e.sen nt – 5/4. e2. sen 2.nt
Con esta expresión y a base de reiteraciones
sucesivas, vamos a calcular el valor de nt,
cuando el Sol Verdadero está en Aries y lo mismo cuando
está en el Trópico de Cáncer, momentos
en que empieza y termina la estación de la Primavera.
El cálculo lo vamos a iniciar suponiendo en primera
aproximación que nt = v. El valor
de v es
360º - 282º
56’ 18” = 77º 03’ 42”
Recordemos que ese valor
de 282º 56’ 18” es la longitud del Perigeo.
Así obtendremos un primer valor de nt,
con el que sustituido en la ecuación anterior, volvemos
a calcular nt. Así seguiremos hasta
encontrar un valor, que no difiera sensiblemente del anterior.
Ese valor corresponde a la posición que ocupa el Sol
Ficticio cuando comienza la Primavera, nos dice el valor de
nt al comenzar esa estación.
Con ayuda de un calculador, es muy sencillo resolver
así el problema, con lo que iríamos obteniendo
sucesivamente para el valor x de la figura,
los siguientes ángulos:
77º 03’ 42”
75º 11’ 29,81”
75º 12’ 19,47”
75º 12’ 19,08”
75º 12’ 19,09”
Cuando el Sol Verdadero haya avanzado otros 90º,
terminará la Primavera. Los valores sucesivos que iríamos
obteniendo en el mismo proceso seguido anteriormente serían
(para el valor que hemos llamado y en la
figura):
167º 03’ 42”
166º 38’ 33,82”
166º 37’ 45,80”
166º 37’ 44,28”
166º 37’ 44,23”
La duración de la Primavera será y
– x = 91º 25’ 25,14”
equivalentes a 92 días,
18 horas 12 minutos y 16segundos.
La transformación de grados a tiempo, la hemos
hecho considerando, como hemos dicho anteriormente, que la
duración del año es de 365,2422 días,
tiempo en que el Sol Ficticio, recorre 360º.
Con razonamientos análogos a los anteriores,
podríamos obtener los valores que representamos en
la figura anterior, por m y n,
y que nos dan las posiciones del Sol Ficticio al comenzar
el otoño y el invierno
m = 258º 55’
42,53”
n = 347º 29’
02,31”
Guiándonos de la figura, sería fácil
ver, que las duraciones de las cuatro estaciones serían
respectivamente:
Primavera y –
x = 91º 25’ 25,14” = 92 días
18 horas 07 minutos y 06 segundos
Verano
m – y = 92º 17’ 58,30”
= 93 días 15 horas 26 minutos y 44 segundos
Otoño
n – m
= 88º 33’ 19,78” = 89 días 20 horas
16 minutos y 49 segundos
Invierno
p + x = 87º 43’ 16,78” =
88 días 23 horas 58 minutos y 07 segundos
Podríamos calcular estos tiempos, con los datos
de cualquier anuario, en que figuran las fechas de comienzo
de las mismas y obtendríamos que concuerdan con las
calculadas.
La suma de los cuatro valores obtenidos para las estaciones,
es de 365 días 4 horas, 48 minutos y 46 segundos, que
equivalen a los 3654, 2422 días, que es la duración
del año trópico. Es curioso ver que la diferencia
entre el invierno y el verano, es de casi cuatro días.
Naturalmente, no es preciso insistir en que estas estaciones,
están cambiadas en los lugares del hemisferio Sur y
que cuando hablamos de la Primavera de nuestro hemisferio,
en aquel otro hemisferio sur, nos referimos al otoño
y cuando estamos en nuestro hemisferio en verano, otoño
e invierno respectivamente en el otro hemisferio están
en invierno, primavera y verano.
Bajar
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